Me llamo Álex Padrón (AKA Juan Alexander Padrón García), soy un cubano que vive en mi tierra pese a haber viajado por el mundo y a esta altura de mi existencia (nací en 1973 y moriré cuando me toque), no me meto en política.

Como muchos otros de mi tierra he decidido trabajar de forma autónoma, después de dedicar 15 años de mi vida a la investigación científica y a la pedagogía. Sencillamente, al llegar a los 40, mirar a mi alrededor y darme cuenta de cuan poco había progresado en lo personal decidí dar un giro positivo a mi vida.

Por ello, y siguiendo el consejo de Confucio, encontré un trabajo que me apasionaba, para no tener que trabajar más en toda mi vida. Me dediqué al oficio de escribir.

Álex Padrón: esencia y no pseudónimo

Aunque mi nombre real es Juan Alexander Padrón Garcia, mis amigos me conocen por Álex. Esto no es gratuito: si retiran mi segundo nombre, quedaría Juan Padrón, que es el mismo nombre del genial creador de Elpidio Valdés y Vampiros en la Habana… lo cual me hice crecer con la eterna pregunta de si era familia de ese Juan Padrón.

Tradición familiar aparte (mi padre es Juan Sebastián, pero no sufrió la condena de un nombre famoso), en cuanto pude insistí en que me llamasen Juan Alexander, pero como eso es muy largo me decanté por Álex a secas. Corto, directo y más memorable para un escritor/redactor/periodista musical… porque, al adoptar como carrera la escritura, no se puede vivir en el elitismo.

Álex Padrón: mercenario de la palabra

Mis principales inspiradores, Hemingway, Poe y Martí, lo sabían bien. Es genial sentarse en casa a recibir regalías de obras cumbres de la literatura (o mucho mejor, best sellers), pero hasta que eso llegue hay que poner comida en el plato y ropa sobre la piel. Como ellos, no soy un escritor de pasión: si decidí que viviría de escribir, eso significa que escribiré sobre cualquier cosa, incluyendo (especialmente) sobre asuntos que me paguen. Por ello colaboro con diversas publicaciones, sitios de opinión y noticias y genero contenido para otros usuarios de la Internet.

En algunos círculos (que levantan las narices haciendo asquitos) me llamaron «mercenario de la palabra». Lejos de ofenderme, eso me honra, pues otros grandes hicieron lo mismo que yo, así que no ando por mal camino. Con el tiempo libre que resta luego de escribir unas 2000 palabras diarias que me dan de comer, tomo como hobby escribir «en serio»… ficción. Pero ya hice las paces con mi dualidad de escribano/escritor, cuando luego de ganar la constancia y la disciplina de escribir mucho, comencé a escribir mejor e incluso a publicar y que me lean otros.

Eso no me lo critiquen a mí: critíquenselo (si se atreven) a Stephen King, luego de leerse su genial «Mientras escribo».  Y, como diría F. Mond, a silbar a la vía.

500total visits,4visits today